lunes, 1 de septiembre de 2014

Maquillaje durante la Revolución Francesa

SIGLO XVII-XVIII
Revolución francesa

 Pelucas empolvadas y blancas, peinados iguales para todas. Lunares falsos, cremas, maquillaje recargado, peinados complicadísimos. Con el siglo XVII empezaba una edad de oro para la cosmética. París era el centro de la cultura, la estética y el perfume siempre excesivo.
 Existía una obsesión por el maquillaje y los perfumes, debido a la extravagancia y exageración propuesta por la corte. El hombre se maquilla tanto como la mujer, presentando un aspecto afeminado. La mujer se aplicaba una pintura dando a la cara una blancura excelente, empolvándose con polvo de arroz o de harina, mejillas de rojo estridente y se perfilaban las cejas, ojos delineados en negro, en el párpado aplicaban azul o verde, rojo oscuro  en los labios dibujados en forma de corazón. Los lunares tuvieron su importancia. Eran considerados estéticos, a veces se los pintaban o los hacían de terciopelo.
 Todo culpa del rey Luis XIII, quien impuso la moda de las pelucas en los caballeros e incluso en los niños para disimular su propia calvicie. Los lunares también se reinventaban como manchas ventajosas que pintaban o creaban con terciopelo engomado y las mujeres se los ponían en el escote o en las rodillas para que fueran descubiertos por un indiscreto y audaz enamorado. Los hombres también tenían su propio lenguaje: si el lunar estaba en la nariz, el hombre era impertinente; en los ojos, apasionado; en la comisura de los labios, besucón; en la mejilla, galante; entre la boca y la barbilla, discreto; en un párpado, ladrón. 

                                         
El cutis siempre blanco: era un horror que una mujer de clase social alta se quemara. En esta época, el rococó era el movimiento artístico por definición e influencia al maquillaje con coloretes rojos y muchos tonos según la ocasión para galantear y conquistar como la conducta aceptada.