jueves, 1 de mayo de 2014

Historia del Maquillaje en Roma

HISTORIA DEL MAQUILLAJE EN ROMA

Un peinado a la última moda; joyas en los brazos, el cuello y la cabeza; un elegante vestido de seda: todo formaba parte del aderezo personal de las damas de la antigua Roma. Pero había otro elemento de la apariencia personal al que se daba más importancia todavía: el cutis.

El cuidado de la piel fue una auténtica obsesión de las romanas de clase elevada, y en torno a él se desarrolló un arte del maquillaje no menos sofisticado y lujoso que el de nuestra época.


Los cánones de la belleza romana aconsejaban a la mujer una piel luminosa, sonrosada y, sobre todo, blanca. La blancura de la piel era el supremo rasgo de distinción. Según el ideal de belleza romana, la mujer debía poseer grandes ojos y largas pestañas. En este sentido existía una preferencia por las cejas unidas sobre la nariz, efecto que se lograba aplicando una mezcla de huevos de hormiga machacados con moscas secas, una mezcla que también se usaba como máscara para las pestañas.


Eran los sirvientes quienes se encargaban de todo, incluso del maquillaje de hombres y mujeres por igual. Ya eran expertos en depilación, tratamientos estéticos básicos contra las arrugas y maquillaje de ojos, cejas y párpados.

La función de las mujeres estaba relegado al ámbito privado –Roma es la base de los valores patriarcales de la sociedad actual–, pero adquirieron la costumbre de maquillarse como un signo de distinción entre libres y esclavas, heredado de la moda griega.


Fue Grecia la propulsora en Europa de esa cultura que buscaba la belleza por medio del cosmético, pero Roma la llevó a todos los extremos. Incluso había tiendas especializadas en la venta de cosméticos que se llamaban según el nombre del vendedor. La más famosa fue la Pigmentarius.

Aunque la mujer en el Imperio Romano era totalmente secundaria en las jerarquías –sus padres tenían derecho a matarlas o venderlas–  el maquillaje también era un rasgo definitorio de aquellas que habían llegado a ostentar el poder.

La cosmética en Roma era una industria floreciente, la lanolina, tan usada hoy en día para la perfumería y la cosmética, era conocida por las damas romanas. Se sacaba de la lana de las ovejas y se perfumaba fuertemente para evitar su olor original.